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Qué láser médico elegir

La palabra «láser» proviene del acrónimo inglés «Light Amplification by Stimulated Emission of Radiation». Se trata de dispositivos que, tras implementar un medio amplificador, generan un haz de fotones coherentes y monocromos utilizando la emisión estimulada —fase y longitud de onda idénticas—.

El haz generado es, por tanto, una onda electromagnética caracterizada por su longitud de onda, su amplitud y la duración de su emisión —pulsos—. Dichas características, dependiendo del tipo de tejido, determinarán principalmente la profundidad de absorción y la potencia que se le transmita. Se trata, por consiguiente, de parámetros que permiten definir la aplicación del láser.

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  • ¿Cómo elegir un láser médico?

    Los criterios a la hora de elegir un buen láser dependerán obviamente del uso que se quiera hacer de él. Aunque no exclusivamente.

    Será igualmente importante tener en cuenta el precio del dispositivo, así como el coste y el tiempo necesario para capacitar al personal sanitario.

    Los contratos de mantenimiento que ofrecen fabricantes y distribuidores también entran en juego, así como la fiabilidad del equipo en función de la frecuencia de uso prevista. Será esencial considerar la relación calidad-precio y no realizar nunca una compra sin haberse informado detenidamente antes acerca de los diferentes fabricantes y sus ofertas.

    Por último, será imprescindible sopesar las ventajas terapéuticas del láser frente a otras tecnologías, como la radiofrecuencia, la luz pulsada intensa o la crioablación —utilización del frío para destruir tejidos—.

  • ¿A qué aplicaciones se destinan el láser médico?

    Varias especialidades médicas llevan utilizando desde hace tiempo la tecnología láser en su práctica diaria:

    Láser para depilación de la marca Deka

    La dermatología y la medicina estética son las más populares.
    El láser se utiliza para la eliminación de tatuajes, la depilación a largo plazo, el tratamiento del acné o el rejuvenecimiento de la piel para mejorar y reafirmar la piel. En cuanto a la depilación, los resultados dependen del tipo de piel, sin olvidar que cuanto más clara sea la piel y más oscuro sea el vello, más eficaz será el resultado. Se necesitan varias sesiones.

    La urología también utiliza el láser para la enucleación prostática. Esta cirugía mínimamente invasiva, realizada por vía endoscópica, utiliza un láser para extraer los tejidos que bloquean el flujo de orina hacia la próstata. De manera similar, el láser se utiliza en el procedimiento de litotricia para destruir cálculos en los riñones, la vejiga o el uréter.

    Láser oftálmico de la marca A.R.C. Laser

    La oftalmología registra igualmente un uso muy extendido del láser, particularmente para la cirugía refractiva, que permite tratar diversas patologías como la miopía, el astigmatismo, la hipermetropía y la presbicia. Otra aplicación es la fotocoagulación retiniana, que consiste en aplicar un haz láser sobre la estructura más profunda del ojo, la retina, para producir una quemadura terapéutica en una zona determinada. Por último, sin salir del sector de la oftalmología, la trabeculoplastia selectiva con láser reduce la presión ocular en el glaucoma crónico.

    La cirugía general también recurre al láser, sobre todo para la ablación de tejidos blandos. De la misma manera, el tratamiento con láser se utiliza cada vez más en las consultas dentales para la detección precoz de caries, enfermedades de las encías, para el blanqueamiento dental o la ablación de lesiones.

    La fisioterapia ofrece la bioestimulación celular por láser, que representa una innovación tecnológica eficaz para el tratamiento del dolor. Consiste en la transferencia de energía lumínica a la célula para estimular sus funciones metabólicas. Los efectos clínicos observables se declinan en analgésicos, antiinflamatorios y cicatrizantes.

  • ¿Qué efectos tiene el láser en el cuerpo?

    Los efectos del láser en el cuerpo son variados. Dependen esencialmente del tipo de haz láser aplicado —longitud de onda, amplitud del campo eléctrico, duración del pulso, anchura del haz— y del tejido que haya que tratar.

    Existen cuatro tipos:

    • Efecto térmico:
      • Hipertermia: proceso según el cual el uso del láser provoca un aumento moderado de la temperatura en la zona objetivo, que oscila entre los 41 y los 44 °C. La intervención dura algunas decenas de minutos. El resultado es la muerte celular debido a los cambios en los procesos enzimáticos. Este método, bastante difícil de controlar, no se utiliza a menudo.
      • Coagulación: proceso que consiste en alcanzar una temperatura elevada, de entre 50 y 100 °C, durante segundo. Esto conduce a la desecación —evacuación de agua—, blanqueamiento y encogimiento de los tejidos por desnaturalización de las proteínas y el colágeno.
      • Vaporización: los diferentes componentes de los tejidos se disipan a partir de los 100°C en un tiempo relativamente corto, de aproximadamente una décima de segundo.
    • Efecto mecánico (cavitación): proceso que consiste en crear un efecto térmico no difuso. El calor lleva a ebullición el agua dentro de la célula y se crean así burbujas de aire que se acumulan dentro de ella hasta que la hacen explotar.
    • Efecto fotoablativo: proceso en el que el láser —especialmente con longitudes de onda muy cortas— rompe ciertos enlaces moleculares en el tejido y crea un corte extremadamente limpio sin generación de calor. Es una técnica local y precisa, aunque no permite acciones profundas.
    • Efecto fotodinámico: proceso que consiste en inyectarle primero al paciente un producto fotosensibilizante por vía intravenosa. En contacto con la luz del láser, el producto absorberá esta energía y se volverá tóxico, permitiendo así el tratamiento de los tumores a los que se ha adherido.
  • ¿Existen riesgos asociados al uso del láser?

    El uso de láser médico no está exento de riesgos. Uno de los principales es el daño retiniano o incluso la ceguera. Existen, asimismo, riesgos de quemadura de la piel u otros tejidos blandos, aunque es poco frecuente. En el caso de la depilación a largo plazo, por ejemplo, el láser sólo debería dañar el folículo piloso y no la piel.

    Sin embargo, no todos los láseres presentan riesgos, los cuales dependen en gran medida del tipo de láser utilizado. Se deberán prever equipos de protección individual, como lo son las gafas, tanto para el usuario como para el paciente, cuando se recurra a láseres que presenten riesgos asociados a su uso. Los ojos son el órgano más vulnerable.

  • ¿Cuáles son las diferentes clases de láseres médicos?

    De conformidad con la norma internacional IEC 60825-1-2014, existen ocho clases diferentes de láseres, divididas en función de la peligrosidad del dispositivo.

    • Clases 1 y 1M: láseres que no representan ningún peligro durante su utilización, incluido el uso de instrumentos ópticos en visión directa. La clase 1 también incluye láseres de alta potencia en sistemas completamente cerrados, de modo que no hay posibilidad de exposición potencialmente peligrosa a los haces durante su uso. Esto incluye, por ejemplo, los dispositivos con láser incorporado.
    • Clase 1C: láseres destinados a una aplicación directa del haz sobre la piel o los tejidos internos del cuerpo. Incluye procedimientos diagnósticos, terapéuticos y cosméticos —depilación, eliminación de arrugas y acné, etc.—. Las exposiciones oculares a este tipo de láseres se pueden evitar con dispositivos técnicos.
    • Clases 2 y 2M: láseres que emiten radiación visible y que siguen siendo seguros en caso de exposición temporal —inferior a 0,25 segundos—. Pueden ser peligrosos cuando se mira intencionadamente el haz. Un mensaje de advertencia en las etiquetas indica que no se debe mirar de forma continua o intencionada al haz y que es necesario adoptar gestos de aversión activos, como girar la cabeza o cerrar los ojos.
    • Clase 3R: láseres que emiten radiaciones que pueden superar la EMP —exposición máxima permitida— para la visión directa del haz. Aunque el riesgo de lesiones es relativamente bajo en la mayoría de los casos, aumenta con la duración de la exposición. Sea como fuere, se recomienda encarecidamente el uso de gafas protectoras.
    • Clase 3B: láseres peligrosos cuando se produce una exposición ocular al haz, incluida la exposición accidental de corta duración. Estos láseres pueden producir lesiones cutáneas menores o incluso presentar un riesgo de incendio de los tejidos u otros materiales con los que entre en contacto el haz. En este caso, el uso de gafas de protección es obligatorio.
    • Clase 4: láseres que pueden causar daños agudos o crónicos cuando se produce contacto ocular o cutáneo directo, indirecto, o por reflexión, con el haz. También pueden originar incendios. El uso de gafas es, sin duda, obligatorio.
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